Agua, una introducción

Es un lugar común, pero aún así la siguiente afirmación es verdad: Sin agua no podríamos sobrevivir. No es solo esencial para los seres humanos cuya existencia está en gran peligro sin acceso a ella, pero también las plantas y los animales necesitan su presencia para preservar su vida. Aunque parezca difícil imaginar el planeta Tierra sin agua, no es tan obvio que no haya agua dulce suficiente para el consumo de toda la populación del planeta. Por todo el mundo centenas de millares de personas no tienen acceso a agua potable y tienen que andar centenas de kilómetros hasta el fuente de agua más cercana. No es únicamente la escasez del agua que puede causar problemas; un exceso de agua puede producir daños semejantes, y en casos extremos, hasta la muerte de personas. Solo tenemos que pensar en la catastrófica inundación de 1953 y el maremoto de Asia en 2005.

En el último siglo se produjo un aumento de seis veces en el uso del agua, que es doble de la tasa de crecimiento de la población mundial. Con esto, la populación creciente requiere más y más agua potable, agua para uso industrial y agua para la agricultura. De hecho, el 70% del agua dulce es usado en la agricultura. La extracción de agua de los ríos y de los depósitos de aguas subterráneas llego al punto de que ríos como el Colorado, el Ganges y el río Amarillo se han secado antes de llegar al mar.

Aparte de la disminución de la cantidad del agua, el deterioramiento de la calidad del agua también es un problema. Polución de los efectos secundarios de las industrias, el tratamiento de las aguas residuales y la agricultura pueden causar que hasta el agua menos accesible sea inadecuado para el consumo. Esto afecta la calidad del agua potable, agua de riego, y hasta el agua de la lluvia: las emisiones de las industrias son la principal fuente de las lluvias acidas que tienen un efecto perjudicial en el medio ambiente. La escasez del agua ocasiona un grave problema social y económico. La gestión de recursos hídricos sostenible presenta uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo.

Los holandeses comparten un legado colectivo de una relación de amor odio con el agua. Desde que los primeros colonos habitaron estas tierras han tratado de controlar el agua mediante la construcción de zanjas y canales, y bombeando agua de un lugar a otro. La famosa historia de Hansje Brinker (procedente de Estados Unidos) nos cuenta como un niño pequeño halla un agujero en un dique y salva a su pueblo tapando el agujero con su dedo pulgar. Historias como esta y el hecho de que los holandeses han vivido bajo el nivel del mar durante siglos les ha otorgado internacionalmente renombre en el terreno de la gestión de este recurso precioso que sustenta la vida.