Sinopsis histórica

De la Edad Prehistórica a la Edad Media – Desde que las primeras personas llegaron a los deltas, tuvieron que cooperar para sobrevivir. Los agricultores tuvieron que drenar las tierras para poder cultivarla. Sin embargo, con la perdida de agua absorbida por la turba, esta se compactó y los niveles del terreno disminuyeron hasta casi alcanzar el nivel de las aguas subterráneas. Cuanta más agua se drenaba más turba se depositaba y descendía el nivel del terreno y aún más agua se tenía que drenar.

Al fin, era necesario un sistema de gestión del agua para mantener el agua fuera. Se excavaron surcos cerca de ríos con esclusas. La esclusa impedía el flujo del agua a los pólderes y drenaba el aflujo del agua al río. Sin embargo lo último solo era posible si el nivel del río no era demasiado alto. Cuando el nivel del río permanecía alto durante mucho tiempo el agua acababa llegando a los pólderes.

Por esto, cada terreno era cercado por diques, cada uno con su propia esclusa. Esto era el llamado sistema de “estanque de salida de pólderes”: una zona con varios pólderes cortados del río. El terreno entre los pólderes, que también estaba cortado del río, se llamaba el drenaje o estaque de salida (en holandés: “boezen”). Durante los periodos de aguas altas el agua podía ser almacenada en estos estanques, impidiendo la inundación de los terrenos.

Después de un tiempo el terreno se hundió tanto que el sistema arriba mencionado ya no funcionaba. La tierra se quedaba pantanosa. A partir del siglo XV, el desarrollo de una nueva tecnología proporcionó una nueva solución, drenaje mediante el viento. Se colocaron molinos en las esclusas entre el pólder y el estanque de salida. Los molinos eran capaces de bombear el agua de los pólderes en los estanques, sin importar los niveles de agua. Infortunadamente, permanecía un problema cuando los estanques se llenaban. Bombear el agua de los estanques a los ríos hubiera sido un proceso demasiado costoso en la Edad Media.
 
Los campesinos eran incapaces de construir y mantener todos los diques, esclusas y molinos necesarios por su propia cuenta. Para dividir los gastos, se formaron aldeas. Las aldeas eran los precedentes de las organizaciones de la gestión de agua locales de nuestros tiempos. Dentro de cada aldea, cada campesino estaba encargo de una parte del dique. Más tarde las aldeas tuvieron su propia dirección. En algunas zonas, estas organizaciones permanecieron de dimensiones reducidas, pero por ejemplo en el sur de Holanda se fundaron tres grandes organizaciones de gestión del agua, las llamadas “hoogheemraadschappen” (junta de diques y pólderes) de Delftland, Schiejland y Rijnland. Estas organizaciones sombrilla alcanzaron una posición fuerte y se hicieron muy ricos. Atrajeron a empleados científicos y controlaron la gestión de agua de las aldeas.

En muchos pólderes, sin embargo, la gestión se quedó dividida. La división del poder tuvo algunas consecuencias desfavorables. Primero, únicamente los pólderes que estaban al borde de los ríos eran los responsables por el mantenimiento de los diques del río o mar. Aunque los otros pólderes también benefician de los diques, no tuvieron que ayudar en su mantenimiento. Por esto el soporte financiero de la gestión del agua no era posible. Una inundación en el año 1675 mostró la fragilidad de este sistema.

La segregación de la gestión del agua produjo una discrepancia entre las organizaciones locales y su desarrollo individual. La cooperación era difícil, porque cada organización tenía sus propios problemas y métodos de resolución. Además, no había ninguna norma para determinar si los diques eran del tamaño adecuado. Era difícil de definir el tipo de material usado para la construcción de los diques y su calidad. En los siglos XVI y XVII, muchas juntas de agua adoptaron un nuevo sistema. En vez de los campesinos, fueron las juntas que se encargaban del mantenimiento de los diques, financiados mediante impuestos cobrados. Cuánto más poder tenían las juntas locales, más interesado estaba el gobierno en ellas. El gobierno holandés determinaba los proyectos y se encargaba de que no haya interferencias en el trabajo de las diferentes juntas. Además, el estado quería asegurarse de que no hubiera conflictos entre los intereses de las juntas y los intereses militares del estado. El gobierno podía inundar los terrenos como método de defensa en caso necesario. Después de la inundación de 1675, el estado implementó una revisión anual, para impedir que las juntas desatiendan su trabajo.

Agua como una defensa – Mientras que los diques eran principalmente construido para mantener el agua fuera de las tierras, a veces fueron demolidas a propósito para mantener el enemigo afuera. Hasta la invención de los aviones, la inundación de de los terrenos en vuelta de una ciudad era medida de seguridad muy eficaz. La protección del agua fue muy importante para que Holanda pudiera obtener y mantener su independencia.

Influencia francesa – En 1795, el ejército francés, bajo el mando de Napoleón atacó Holanda. La élite holandesa acogió con satisfacción a los franceses (estaban hartos del régimen autoritario de la aristocracia conservativa) y comenzaron el debate de cómo el estado holandés podría ser reformado, para formar una nación como la de los franceses. El tema central del debate era la centralización. Las juntas de agua de los distritos también tenían que ser centralizados. Después de una larga discusión, se proclamó la nueva constitución en 1795. Una de las consecuencias fue que una institución central tuvo que encargarse de todos los asuntos referentes a las aguas y las obras públicas. Se formó el “Bureau voor den Waterstaat” (Departamento de Gestión de Aguas).

Después de 1815 – Después de la derrota del ejército de Napoleón en 1815, Holanda volvió a ser un estado autónomo y soberano de nuevo, con el rey Guillermo I en el trono. Durante su reinado, se hizo mucho para mejorar las vías fluviales nacionales. No es por acaso que le dieron el apodo de “Rey de los Canales” a Guillermo I. Uno de sus logros fue el Sindicato de Amortización, un banco de inversiones disfrazado, que financiaba proyectos infraestructurales mediante la venta de propiedad del estado y emitiendo préstamos. Por ejemplo, en el 1824 el canal del norte de Holanda era el canal más largo navegable del mundo. En 1838, se construyó el ferrocarril del Rin y en 1839 el territorio del lago Haarlem fue ganado mediante el uso de las bombas de agua más potentes disponibles.

Durante la segunda mitad del siglo XIX  y la primera mitad del siglo XX, el Departamento de Gestión de Aguas (llamado “Rijkswaterstaat” a partir de 1815) se transformó en una organización grande y poderosa que se entremetía en cada vez más y más asuntos. Uno de sus grandes proyectos fue el puente férreo cerca de Culemborg (1868) y la esclusa del norte, cerca de Ijmuiden (1929). Desde la inundación de 1953, el Rijkswaterstaat está en cargo del diseño, construcción y mantenimiento del Proyecto Delta.